TOMAR LA FABRICA – septiembre 2019

 

Tomar la Fábrica  es una obra de Joselo Bella,  Ricardo Díaz Mourelle (actores en esta puesta)  y Pedro Sedlinsky, (el director)  que nos muestra una conversación de amigos, actores de teatro , desde un detonante aparentemente  poco trascendental, en la que se apuran conflictos. El dinero,  el amor y la seguridad, el significado del trabajo y del arte como trabajo despiertan  tensiones que no se resuelven porque se arman por capas, dejando al desnudo que muchas veces somos malos como público y poco pacientes como oyentes  en un contexto fraterno.  Se expresan  tomando personajes clásicos del cine o enfoques de entrenamiento varios, generando no pocas risas en el público.

Los taxistas y los pescadores no son los únicos cuyos relatos hacen crecer un suceso o un pescado tanto que tal vez  refleje  vagamente la realidad.  Hasta un empleado administrativo cuenta la historia de un expediente, y lo que dijeron el archivista,  el jefe, o el encargado,  a alguien que lo mira con incomprensión absoluta de la gracia de aquello.  Médicos, farmacéuticos, peluqueros… todos tienen versiones geniales y absurdas de sucesos que serían de otra manera incoloros.  En estos asuntos los actores son mejores, porque saben medir,  la mayoría de las veces, cuando se van de registro  por lo que es posible disfrutar, cuando escriben pequeñas obras maestras para contar algo simple.

El texto nos recuerda también algunas maneras de juzgar en el pasado la vida del artista músico o actor y sus réplicas en el presente. Miles de historias se acumulan sobre elegir entre el amor o la familia y la actuación en el teatro  o como músico.  Las recordamos en las voces de los abuelos,  en la mesa de navidad tal vez.  Aquí escuchamos sentencias parecidas en el recuerdo de la vida de cada uno de los personajes.  La miseria y el rencor  oscurecen esos recuerdos, que parecen trascender la opinión del relator. La moraleja cambia de enfoque en la mente del joven o el niño que la escucha, y se vuelve un sufrimiento hecho a medida . Esto marca la raíz de  la comprensión del sentido qué le damos al trabajo. Extrañas escalas de valores que se entrecruzan como las de Escher, son el cimiento  de  las renuncias,  los emprendimientos, los sacrificios y las pretensiones.

La vida local, con su historia y su presente, enmarca a  estos héroes de grandes batallas, reales o ilusorias, tal vez de cabotaje, mientras aprovechamos a repasar algunas cuestiones locales más o menos recientes. La data sobre la época , un poco confusa pero amable,  me lleva 15 o 20 años atrás,  por el  color del diálogo,, mas no por la edad de los personajes, como si fuera una charla quedada en el tiempo . Hay algo íntegro y realista,  con sus momentos épicos, grotescos, trágicos o  desmesurados.

Es  interesante la dramaturgia en la que cada uno de los relatos genera  ansiedad, curiosidad o molestia en el otro personaje que se muestra con más ganas de ser escuchado que de escuchar, pero genuinamente interesado  por el otro fuera de lo discursivo. Queda de manifiesto el peso del karma familiar por el que las decisiones  son  reacciones muchas veces inmensurables.

Las actuaciones son muy buenas,, con un gran trabajo de dirección que sostiene las intrincadas tensiones del juego dramático. La puesta en general es sólida..

Nunca se valora  suficientemente  lo que pueden generar nuestras palabras en la mente de otro.  Nunca se reflexiona lo suficiente sobre el trabajo del actor y su cotidianidad.

María Inés Senabre

 

 

“Tomar la fábrica”
Dirigida por Pedro Sedlinsky

 

*Desde el 8 de septiembre, todos los domingos a las 19:30hs., en el Centro Cultural de la Cooperación, Sala Raúl Gonzalez Tuñón, Corrientes 1543, C.A.B.A. – Argentina.

*Reservas: 5077-8000. Valor de la entrada. $350.

Ficha Técnica.

Director: Pedro Sedlinsky.
Dramaturgia: Joselo Bella, Ricardo Díaz Mourelle y Pedro Sedlinsky.

Elenco: Joselo Bella y Ricardo Díaz Mourelle.

Escenografia y vestuario: Alejandro Mateo.

Música: Rony Kesselman.

Iluminacíón: Matías Canony.

Asistencia de dirección: Hernán Pulido.

Sobre “Tomar la fábrica”.

Dos amigos. Dos actores con poco trabajo. Uno hizo un personaje en televisión, le fue muy bien, lo llamaron para hacer un coprotagónico y al enterarse, dio un salto de alegría que se quedó  duro. El otro hizo un bolo en televisión, le fue muy mal y la mujer lo intimó a que busque un trabajo en serio.  Agobiados por la dura realidad que viven, se juntan para concretar una obra en la que trabajan hace años. Una comedia dramática que habla sobre la superación, el miedo a la adversidad, de cómo dos personas pueden levantarse incluso luego de una gran desilusión. De ir siempre hacia adelante con los deseos… ¡de tomar la fábrica!