EL VIAJE DE DON JUAN – Agosto 2011

Excelente. Una obra hermosa que llena de gracia y fuerza envía a Don Juan en una búsqueda más cercana a la actualidad. En el presente donde se revolean prendas íntimas en programas televisivos, Serrano enfrenta cuestiones con más profundidad pero con humor. Si se puede ver cualquier parte del cuerpo en casi todos los medios: ¿pudiste cruzar la frontera? ¿A dónde llego cuando toco?  Un comienzo fuerte no por la explosión sino por la quietud de un Don Juan que, compuesto hermosamente por Piero Anselmi,  con una armónica deja brotar sus sueños.

El sirviente, en un papel interpretado en manera brillante por Sergio Pascual, representa todas las miserias primarias del hombre, también las vergüenzas, la timidez, hija, según el Génesis, del pecado original, el pecado del conocimiento o la chispa de la conciencia. Este personaje es crítico de Don Juan pero desde una ternura y picardía  infantiles. Está dotado de un toque irónico que lo salva un poco de la imagen miserable.

Don Juan y Sganarelle (el sirviente) caminan pues desde distintos impulsos. Don Juan un amante y un artista alternadamente y Sganarelle el arquetipo del sirviente, entrega el poder a su amo.

La dirección de Raúl Serrano es un regalo para el cumpleaños del Teatro Del Artefacto y para todos los que podemos disfrutar de este trabajo.

Muy buenas actuaciones todas, un placer. Jorge Diez, tiene a su cargo los personajes contra los que Don Juan debe luchar para liberarse, todos los personajes que pueden tener poder sobre su vida con una imagen de gran solidez, la autoridad con todo su aplomo.

El hombre/cuerpo considerado un sirviente, acusado como fuente de impulsos pecaminosos, separado de la misión más alta de la existencia, pierde totalmente la compostura. El hombre pues se zambulle en la degradación para ser declarado culpable de miserias verdaderas,  de “pecados capitales”. Don Juan ve la falsedad de este juicio y en busca del humano camina guiado por pulsiones vitales que pugnan por expresarse. A sus espaldas el peso ominoso de los dictados de la Religión  en la que es moralmente reprobable el contacto y el amor está rodeado de un aura falsamente espiritual. Camina por las tierras que su antecesor transitó guiado por la dulce melodía femenina,  pero su búsqueda de la verdad es más compleja tal vez.

Don Juan, este don Juan,  tiene una fe verdadera que contradice todo lo enseñado por eso decide encontrar la verdad con total libertad, sin ataduras, sin la cárcel del pecado. Tiene,  como el personaje de Moliere esa capacidad de abstraerse de los mensajes de culpa pero lamentablemente no lo ha superado en su determinación, no tiene la constancia necesaria para liberarse de la mentira, se funde en otras parcialidades.  

“La piel es la frontera” repite Raúl Serrano a quien le quiera escuchar. Tal vez sea: te toco luego existo o, soy tocado luego existo. El río de la vida se abre camino hasta las uñas y corazón. La conciencia enciende una chispa sobre la hojarasca ancestral buscando el incendio.

Una puesta con pocos objetos escenográficos pero de una calidad indudable, se ven estéticos, bellos, verdaderos.  El el hermoso vestuario proveniente del Cervantes.  Cada detalle configura un hecho artístico que disfruté enormemente.

María Inés Senabre

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Teatro Del Artefacto cumple 10 años Y lo celebra con el estreno de  

El viaje de Don Juan

Libro y dirección: Raúl Serrano

ESTRENO SÁBADO 20 DE AGOSTO, 21hs.

 Sábados 21hs. Teatro Del Artefacto – Sarandí 760

Reservas al 4308-3353 Entradas: $30 Estudiantes y jubilados: $25

Elenco: Piero Anselmi, Sergio Pascual, Leandro Martínez, Juan Speroni Hernández, Andrea Boveri, Jorge Diez, Verónica González.

Asistente de Dirección: Manuela Serrano Bruzzo

Don Juan no seduce mujeres. Le cuesta entender el mundo que le toca vivir y por eso pregunta, se enfrenta, choca, provoca. Es mucho más un provocador que un eterno enamorado.

Don Juan – “Ahora el viaje de Don Juan” – es un muy antiguo proyecto mío. Nació de la obra de Moliere, pero poco a poco se alejó de ella para convertirse casi en una obra que habla de mis propios problemas existenciales. Eso sí, con humor. Mi existencia no merece, por ahora, otro género que la sonrisa.

Escribí la mayor parte de las escenas pensando en que Moliere, aquel educado por un cura epicúreo – ¡cura y epicúreo!- como si Moliere mismo no hubiera podido hacerlo debido a la censura de aquel olvidado Arzobispo de Paris que lo mandó enterrar de noche y sin cortejo.

Como ahora no le debo obediencia a ningún arzobispo escribí la obra que insinúa Moliere: la obra de los derechos del cuerpo, de sus pulsiones, de sus deseos. “La frontera es el cuerpo” dice mi Don Juan, y vive su vida procurando tocar al otro, ponerse en su lugar.

La obra es un viaje a ningún lugar. La obra es un pretexto para jugar escenas teatrales. Pero cada vez que las hago me veo allí, me río de mí y de los otros, y al final me quedo serio. Un poco más que al comenzar el espectáculo. Lo hice por estas razones que no se si serán las suficientes. Procedí como don Juan: me dejé llevar por mis ganas y deseos.

Raúl Serrano 

 Asistentes de Producción: Mariano Retorta y Manuela Serrano Bruzzo  Escenografía y Puesta de luces: Alejandro Arteta  Operador de luces: Matías Miranda  Fotografía: Christian Pittari / fotografia-escenica.blogspot.com

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