Un artículo de auto-abandono se puede seguir viviendo
Tristeza es un país que te da ciudadanía inmediata. Una vez que pasaste por él eres extranjero en todas partes. Ya sabes tu pertenencia, la marca de tu paso está en tu rostro.
Este país limita al norte con la República de la Alegría, pero allí no se otorgan ciudadanías, ni naciendo allí la tienes segura. Al entrar en Tristeza tu pasaporte no cambiará jamás.
Tristeza limita al sur con Desesperación, pero nunca se está mucho allí, es un lugar de paso. Desesperación es un país con muchas entradas y pocas salidas. Las salidas de Desesperación están más cerca de lo que nuestros ojos parecen ver y los mapas insisten en marcar.
Desesperación tiene una aerolínea a Alegría pero si decides volar allí debes evitar (si puedes, casi nadie puede) la escala en Tristeza.
Tristeza tiene unos problemas muy burocráticos para salir, unos caminos larguísimos a la frontera, nadie sabe donde hay aeropuertos y todo es muy complicado y lento. Algunas veces encontramos un atajo pero nadie sabe a ciencia cierta donde está, uno lo encuentra nomás sin buscarlo y se encuentra en un santiamén en Alegría.
No te conviene afincarte en Tristeza, si se te presenta la oportunidad viaja. No cuesta tanto volver y, seguramente volverás tarde o temprano. Déjate entonces llevar a Alegría sin problemas. La visa de Tristeza no expira y aquí ya cuidarán de tus tristes posesiones.
María Inés Senabre 21/02/05
Lo bueno del camino por tristeza es que si mantenés la fe, o cierta inconciencia, podrás aprender interesantes cuestiones sobre la chispa divina. La chispa encendió algo y dejó chamuscado el lugar de la separación. La conciencia del hombre de su propia inexistencia angustia o desesperanza intermitentemente.