¿Por qué entró ese atardecer a la oscura ciudad de los muertos? Su idea era sacar unas fotos con luz diurna para el trabajo del taller de fotografía, pero se atrasó, mucho. Dio unas vueltas y tomó algunas mientras el sol comenzaba a bajar demasiado rápido.
Caminando y pensando se perdió un momento. Justo cuando la oscuridad ponía su pié en tierra y los guardianes la invitaban a retirarse lo distinguió de entre el paisaje .Parecía un bello joven, como de su edad. Era en realidad casi un duende con brillos de azul tornasol en la piel.
-Un momento más…. le dijo al guardia y caminó unos pasos. Allí estaba… pero no la veía, ni la escuchaba. Tenía la mirada perdida en la altura de una cúpula, en aquel triste reino de la noche.
Insistió…-un momento más…y siguió con la mirada fija en esa criatura, tan bella que hacía brotar lágrimas. Se acercó un poco pero él no parecía ver sus gestos ni escucharla.
Cada pincelada de la oscuridad en su pelo despertaba imágenes de la profundidad del mar y su mirada perdida en lo alto le daba la sensación de un mundo al revés…
Intentó ponerse enfrente para llamar su atención, pero únicamente volando lo podría lograr. Deseosa de levantar vuelo para lograr interceptar sus ojos, sentía abrirse su pecho dolorosa pero dulcemente
-Sólo un momento más…le dijo a guardia – mientras empuñaba, con estudiado gesto, la cámara fotográfica para darle un toque profesional al pedido.
Segundos después algo sucedió, un pájaro oscuro, de un extraño brillo carmesí atravesó su blusa y alzó vuelo hasta colorarse en el lugar a donde se dirigía la mirada del joven azul. Entonces él miró al pájaro y ella sintió esa mirada aún lejana. Buscó más cercanía, y se diluyó en el aire cálido del anochecer para fundirse con el pájaro en la cúspide de la cúpula.
Todo fue tan natural, tan simple.
La mirada de él, desde ese instante habla con la de ella, eternamente. Le cuenta de palabras e historias, de una bella ciudad, de amores no correspondidos, de crímenes y pecados… Y ella mira con eterna ternura sus ojos color lapislázuli y ese cuerpo angélico de piedra, que encierra el alma del que alguna vez fuera un joven enamorado.
El guardia fue a buscarla y encontró la cámara fotográfica en la acera. Le gritó a su compañero:
-¿la viste pasar?
-no…¿Ya se fue?..
- Si, se le cayó la cámara.
-¿ta buena?
-Parece
-Guardala, si no viene mañana la hacemo guita.
María Inés Senabre

Mágico. Bello, qué más puedo decir? Capturaste una emoción con tus palabras.
Gracias!!!!
Speechless…